Ayer mismo volví a escuchar una de esas estupideces que he oído repetirse en más de una ocasión. La primera vez lo escuché de boca de una compañera del instituto y es de esas cosas que no son tolerables. Decía la susodicha (hoy profesora de secundaria) que Franco fue muy bueno porque construyó muchos embalses y carreteras. No en vano, la chica se ganó la fama de franquista y hoy milita en las filas del PP. Probablemente muy poca gente sabe o quiere saber que las grandes obras públicas de la etapa franquista, así como el trabajo en ciertas empresas privadas (ferrocarril, minería, construcción) casi a precio de coste, fueron realizadas por presos políticos republicanos. Probablemente muy pocos saben que los campos de concentración franquistas proporcionaron al caudillo un negocio muy rentable: Obras hidráulicas (embalses y canales), reconstrucción de pueblos y ciudades (Toledo o Teruel entre otras) , empresas mineras (mercurio, wolframio, amianto, estaño) , obras públicas (líneas de ferrocarril, carreteras, puertos), obras civiles (cárceles, fábricas, aeropuertos), obras militares, construcciones para la iglesia (Seminarios, conventos) y talleres penitenciarios (mobiliario, juguetes, elaboración uniformes, fábrica de jabón entre otros).
Deplorable es la ignorancia y falta de sentido histórico que hoy tienen muchos españoles. Y por desgracia, no es de esas cosas que provocan vergüenza.
Para saber más consultar: Esclavos por la patria de IsaÃas Lafuente y VÃctimas de la Guerra Civil coordinado por Santos Juliá.
En la cultura de todo un poco, inaugurada hace más de dos mil años con la sentencia moral: "De nada demasiado", hay cabida para un poco más.
Sé que ustedes disponen de poco tiempo, de pocas ganas, de pocos espacios para pensar, de pocos buenos amigos, de pocos pocos que ningunear. Por el contrario disponen de todo un poco, de carne y verdura, de tele y fútbol, de coches y gasolineras, de mujeres y hombres,de políticos y fraudes. Sin embargo…¿Quién se apunta a los excesos? Todos queremos más, rezaba el eslogan de un spot publicitario. ¿Más de qué?, y ¿Qué quiere usted más?- pregunto yo.
Tendemos por inercia a mejorar nuestra vida. También, qué duda cabe, a cambiarla una y otra vez a la par del ritmo acelerado de consumo. La publicidad capturó esta idea y con ellos las editoriales. El fenómeno dio resultado: los libros más olvidados irrumpieron como salvadores de vida y cambio prometido. ¿Cuántos libros han visto ustedes anunciados con la vieja fórmula del libro que cambió la vida de cientos de personas? Hoy mismo he visto que  La ladrona de libros es el libro que ha cambiado la vida a miles de personas. Asà reza en la portada. Desconozco de qué forma milagrosa y hacia qué tipo de nuevas vidas conduce este libro. A mà estos libros me dan algo de miedo, esos que han cambiado la vida a muchos o tal vez engañaron a muchos.
No sé si éste u otro libro te puede cambiar la vida, pero en uno de tantos libros sà he encontrado aliviada una respuesta:
“Al hombre, en sus posibilidades, planes y sentimientos, hay que coartarlo mediante prejuicios, tradiciones, dificultades y limitaciones de toda clase, como a un demente con una camisa de fuerza; sólo entonces tiene aquello de que es capaz, quizá valor, audacia, perseverancia- de hecho es casi imposible medir el alcance de este pensamiento.” Robert Musil en El hombre sin atributos.
El Camino de Miguel Delibes
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