No sé cómo empezar porque casi no me lo creo. Pero lo cierto es que desde ayer ya tengo carné de conducir. Dicen que más vale tarde que nunca, ¿no?
Mi primo me ha pedido que le regale una PSP, y yo, para fastidiar le he comprado tres libros. ¡Feliz día del libro a todos!
Conozco sus pasos desde que pisa el parquét del pasillo. No suele ser puntual pero si algo tengo claro de esta mujer es que no le caigo en gracia. Eso es normal porque no suelo caer bien a mucha gente, cosa que por otro lado no me preocupa mucho a fuerza de acostumbrarse. Hoy está contenta porque me ha echado una sonrisa nada más entrar, habrá que ver al final de la jornada.
Mi lista de posesiones cabe en un metro cuadrado. Seamos modernos y no incluyamos allí ni a los amantes, ni a los familiares, ni a los amigos, ni al perro. Seamos sensatos y no incluyamos aquellos objetos que pretenden poseernos. Tampoco aquellos por los que debamos pagar al Estado, cualquier día pueden desaparecer e incluso sobrevivir a nosotros como entes fiscales (¡y esto da algo de yuyu!). Queden fuera, dios mediante, todas aquellas cosas que nos llevaríamos a esa estúpida isla desierta que ninguno hemos visto; y la exclusión es imperativo de salud mental. A estas alturas, descubro que hay pocas posibilidades de meter nada en este metro cuadrado y decido hacerle la pregunta al buscador: la respuesta parece ser esta: la dignidad no se puede medir en metros cuadrados. A lo cual concluyo que meter la dignidad (la mía) en un metro cuadrado es de lo más estúpido.
El Camino de Miguel Delibes
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