Confiamos en la gente que nos rodea. No es una confianza ciega sino mínima, de esas necesarias para relacionarte y andar por el mundo.

Yo le pregunté si sabía utilizar la estilográfica, juro que se lo pregunté; es más, “confié en la veracidad de su respuesta”. Él dijo que claro que sabía, como si reconocer la ignorancia fuera de esas cosas intolerables para uno mismo.  Segundos después el corazón me dio un vuelco, acababa de poner el plumín al revés y estaba a punto de hincarlo sobre el papel.

-nonononono, es al revés- dije con cara de idiota.

Y esa es la cara que se me quedó durante esos interminables segundos en que aquel tipo escribía con trazo torpe con mi estilográfica. ¡¡¡¡¡Y sí, es de estos tipos intolerables que termina hincando el plumín con fuerza para poner el punto y final!!!!